La RAE se olvida de la web

Los recientes cambios en la ortografía castellana demuestran que la Academia no parece darle importancia a la WWW

La evolución de una lengua viene dictada por sus hablantes. En el caso del castellano, el idioma ha recorrido un largo trecho desde sus inicios, que se remontan a la península ibérica en el siglo VI. Pero ahora, 1.500 años más tarde, sus académicos no parecen comprender -o no les interesa comprender- que gracias a la tecnología y su rápido desarrollo hay un nuevo factor de peso que obliga a realizar modificaciones en el diccionario, o en la gramática, para responder a las necesidades de sus usuarios.

La introducción de una serie de cambios en la ortografía, revelados el viernes 05 de noviembre, desató una ola de críticas en el sub-mundo de la internet. ¿Es la “ye” más importante que ponerle nombre de una buena vez a la acción de buscar algo en Google? ¿Reemplazar la “q” en palabras como quasar o quórum tiene más sentido que aceptar los tecnicismo que la gente ha elegido para servicios masivos como Twitter, Facebook o los blogs? Para los miembros de la RAE, sí. Para los hispanoparlantes, probablemente no. Es que sentarse en una de esas sillas con nombres de letras generalmente no implica ser un tecnófilo.

Para muestra, un botón: la vigésimo segunda edición del Diccionario de la Lengua Española (2001) presentó 5.855 adiciones. En el siguiente volúmen, que está en vigencia desde julio de 2010, sólo se hicieron 845 (sí, con acento porque me duele), de las cuales menos de la mitad corresponden a nuevas palabras. En pleno auge de internet y las redes sociales, ¿sólo 400 adiciones al diccionario? Los puristas podrían defender el punto diciendo que la mayoría de esas aplicaciones proviene de lugares donde el inglés manda. Esa afirmación implicaría una negación per se del fenómeno globalizador que vive el planeta desde la caída del Muro de Berlín.

Al ralentizar el debate sobre el lingo tecnológico, la RAE crea, sin querer queriendo, caos en el idioma. Palabras que sí tienen equivalente en el diccionario están siendo sustituidas por sus anglicismos. Es común leer “ranquear”, “linkear” ó “embedar” en vez de “valorar”, “vincular” o “embeber”. El por qué del desplazamiento es claro: las páginas en inglés ponen eso allí sin importar el idioma del internauta, quien se acostumbra a ver los grafismos y adopta una voz similar a la hora de compartirlos. Tampoco ayuda que, al difundir conocimiento académico, el Oxford Dictionary (equivalente al Diccionario RAE del inglés) haya tenido la visión de adoptar inmediatamente los tecnicismos. En un paper se puede leer “google it” como la acción de buscar una palabra, claro está, en Google.

Sobre los académicos de la lengua cae ahora el peso de la opinión pública, a la que parece molestarle que una de las acepciones de “solo” quede sin acento y que demanda la normalización de verbos como “chatear” (por favor, lea su significado actual en la lengua castellana y observe de primera mano el origen del problema), “guglear” (así debería sonar) o “tuitear”. A nadie parece importarle que la “i griega” desaparezca, ya mucha gente lo usa intercalado con la “ye”. Lo que si parece ser una demanda necesaria es ponerle el ojo a la web, al castellano de la web, para dejar de maltratarlo

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