#Unfollow porque te sigo y no me sigues


Recibí el mensaje hace unos días. Ya lo había visto, pero dirigido a otras personas, nunca a mi. “#Unfollow porque te sigo y no me sigues”. Recorrí el timeline del agredido y comencé a pensar en aquello de la democracia horizontal en que un sitio pretende convertir a Twitter.Si bien es cierto que las redes sociales son un mundo donde todos los participantes somos más o menos iguales, la reciprocidad no siempre es obligatoria. En Facebook, por ejemplo, no hay manera de escaparse de ella: si quieres ser amigo de otra persona, esta te tiene que aceptar y ambos pueden ver sus perfiles. Pero no en Twitter, y la razón es sencilla: llega un momento donde no puedes ver todo lo que se escribe.

“#Unfollow porque te sigo y no me sigues” -un mensaje público, además-, es una penalización, un castigo para aquellos que piensan que no debe existir la exclusión. Lamentablemente, este tipo de mensajes discriminan a aquellos que quieren proteger sus timelines de “ruido virtual”, pues al llegar a un cierto número de seguidores, la regla del 1×1 se hace imposible de cumplir.

Mi acercamiento al Twitter fue una fórmula sencilla: durante mis primeros meses con la cuenta trataba sólo de agregar amigos y aquellos “imprescindibles” (personas con intereses comues, colegas periodistas y uno que otro loco que le pusiera picante al timeline, como @ChavezOfficial). Con la llegada de #TwittLatino y la marea de “#Unfollow porque te sigo y no me sigues”, entré en pánico. Comencé a seguir a todo el que me agregaba. Un trimestre màs tarde, contaba con más de mil distintos tuiteros en mi perfil y muchas veces perdía “píos” entre la marea de personas. Era momento de adoptar otra estrategia.Lo intenté con las listas, pero el hecho de ir a una página para regresar a otra, y con la pobre conexión a internet en casa, o el hecho de que mi cliente Twitter de celular no era compatible con las listas, abandoné ese negocio. ¿Estaba condenado a la “horca digital”? ¿Debía seguir a todos para no ser “castigado”?

Es un hecho probado quel el 10% de los tuiteros son responsables del 90% del contenido que genera el site de microblogging. Los “heavy users” venezolanos postean entre 40 y 50 tweets diarios. Con la comunidad creciendo exponencialmente los últimos meses gracias a la gran exposición mediática -algunos cálculos conservadores estiman que 300 mil venezolanos usan la herramienta-, “#Unfollow porque te sigo y no me sigues” se hace cada vez más imposible de cumplir, porque lo que puede resultar de ese tipo de actitud es que la gente se harte y abandone un espacio que puede ser muy beneficioso en esta era de la información instantánea.

Para controlar el ruido, regresé a una vieja fórmula antropológica: el número de Dunbar. Lo conocí leyendo “The tipping point”, una clásico de la sociología moderna escrito por Malcom Gladwell. Dunbar establece que el número de relaciones interpersonales que los humanos pueden manejar está relacionado con el tamaño del neocórtex. Luego de muchas investigaciones en tribus africanas, llegó a la conclusión de que la mayoría de los humanos sólo pueden manejar una red de 150 personas -el número mágico-, en orden de maximizar el intercambio social y permitirse tiempo para manejar “lazos íntimos” entre ellos.

Siendo Twitter una red donde el contacto “feis to feis” no es imprescindile, decidí escalar al siguiente nivel que Dunbar establece para las relaciones personales: el de la tribu. De acuerdo con sus publicaciones, esta clasificación implica lazos menos personales y más grupales, implica perseguir juntos unos intereses comunes, sin importar el grado de conocimiento que esas personas tengan de la vida de los otros. Para Dunbar, el tamaño ideal de una tribu es de 500 personas, con el sacrificio de no poder pasar “suficiente tiempo para intimar”, pero con la ventaja de contar con una red de comunicación más amplia para enterarse de todo lo que sucede en la comunidad.

Esto no es, de ninguna manera, una regla de oro para el número de usuarios al que uno puede seguir en Twitter. De hecho, yo mismo he ido bajando gradualmente el número de personas que sigo. De casi 1.500, ahora estoy llegando a las 1.200. Y seguiré bajando hasta que sienta que la página que leo, la puedo leer con calma. El secreto es estar cómodo con lo que se lee, con las personas que sigues. No, no creo en eso de “#Unfollow porque te sigo y no me sigues”, y no es porque no crea que la internet nos hace iguales, sino porque quiero ser dueño de la información que allí aparece y no desperdiciar lo que tengo. ¿La mejor prueba de que esa filosofía de reciprocidad mutua no sirve? El “dueño” del “publicitado” site que manda los tweets de “#Unfollow porque te sigo y no me sigues” tiene poco menos de 8 mil followers, y sólo sigue a la cuarta parte.

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