Armas negras florecen en Venezuela

Ser taxista es, en cualquier lugar del mundo, un oficio que conlleva mucho riesgo. En esta ciudad, la cuarta más violenta del mundo según las organizaciones no gubernamentales mexicanas Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal y Movimiento Blanco, el peligro asociado con transportar extraños en un vehículo particular es mucho mayor. Eso es algo que Edgar Díaz sabe y hace saber a sus pasajeros apenas se montan en su carro, un viejo Malibú del año 78, con el que labora como chofer de una línea del Este de la capital.

Al sentarse justo antes de encender su automóvil, Díaz muestra discretamente el mango de la pistola que porta. Es una calibre .380 ACP (Automatic Colt Pistol), el estándar mundial de defensa personal. “La compré hace años, cuando me di cuenta de que iba a estar haciendo esto toda la vida”.

Y no es el único de los conductores que busca protección en un revólver. “Yo soy la excepción de la regla. La mayoría tiene al menos dos, y hasta tres, por si acaso”, refiere.

Díaz también es singular en otro aspecto: de todos sus compañeros de trabajo, sólo él posee un porte lícito y un registro de armamento. El resto forma parte de la ilegalidad.

Cifras negras

No existen números oficiales sobre el parque de armas que circula en Venezuela, y menos aún sobre aquellas que se encuentran en estado anti reglamentario. Los datos que se manejan respecto a estas últimas difieren enormemente entre las instituciones consultadas.

A finales del mes de septiembre del año pasado, el presidente de la Comisión de Seguridad y Defensa de la Asamblea Nacional (AN), diputado Juan José Mendoza, expresó que en el país circulaban “entre 9 y 15 millones de armas ilegales”. Amnistía Internacional (AI), en su campaña “derritamos la violencia”, calcula que existen “6 millones de armas en Venezuela, de las cuales 75% no están oficialmente registradas”.

¿Cuál es la razón para que tres cuartas partes del armamento presente en el país no esté controlado por los organismos correspondientes? Una de las principales variables es el contrabando. AI señala que el tráfico de armas ha alcanzado magnitudes “comparables a las del tráfico de drogas en el país”. Al Oeste de Caracas, en Catia, es posible encontrar pistolas calibre .380 nuevas, en sus cajas, por apenas 3 mil bolívares , y sin pasar los controles oficiales. Fue allí donde otro de los choferes de la línea donde trabaja Díaz encontró “su santo protector”, como él mismo la llama.

He allí otra de las explicaciones del porqué el elevado número de armas ilegales: mientras que un revólver debidamente comprado en una armería puede llegar a costar hasta 8 mil bolívares fuertes (más IVA), en Petare se puede conseguir por un precio hasta cuatro veces menor. Claro está, el origen es incierto, pero en las zonas populares de la capital, donde la violencia cobra la mayor parte de las víctimas por asesinato reflejadas en las cifras semanales no oficiales desde el cierre de la sala de prensa del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas-, el instinto de supervivencia y la economía de guerra prevalecen sobre la ley.

Reglas y circunstancias

Portar un arma de manera legal requiere de una serie de trámites, que si bien no son complicados, son trámites al fin. Lo primero que se debe realizar es el Registro Balístico, que permite a la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim) insertar el armamento recién comprado en una base de datos, en caso de ser necesario un cotejo por algún incidente. Luego, debe aprobarse un curso básico de manipulación de este tipo de artefactos, certificado por el Comando de Guarnición más cercano y, finalmente, aprobar un examen psicológico donde se demuestre que el propietario está en capacidad de cargar el letal instrumento sin representar un peligro para la seguridad pública.

Todo el proceso, explica el taxista Díaz, es tedioso. “Para sacar mi porte tuve que estar haciendo cosas por al menos seis meses”.

El tener la licencia legal, comenta el trabajador del volante, es una garantía de seguridad para sus clientes.

“Cuando me preguntan ‘¿Por qué tienes eso (la pistola) allí?’, yo les contesto: ‘No se preocupe, que yo sé lo que hago’, y les muestro el porte, para que se sientan protegidos”, cuenta Díaz.

Más “confiado” se siente su compañero de atrás, que recién estacionado interrumpe la conversación al ver de qué se trata: “Yo tengo dos pistolas. Una para cuidarme a mí y otra para cuidar a la que llevo en la espalda”, comenta.

Al ser inquirido de por qué no ha sacado la documentación necesaria, responde acelerado. “Yo estoy sacando mis permisos, pero eso lleva tiempo. A mí no me van a matar mientras me llega un papel, por eso yo cargo mis ‘niñas’ conmigo”.

La necesidad de “calzarse”

La tenencia de múltiples armas de fuego es una respuesta a la situación que vive el país, según refleja la publicación “Inseguridad y Violencia en Venezuela-Informe 2008”, con datos de la organización Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). En el estudio se señala que 28% de los venezolanos está dispuesto a tener al menos uno de estos instrumentos letales “para garantizar su seguridad personal y la de su familia”.

El hecho de que la mayor parte del armamento se encuentre en manos de la población civil constituye “una anomalía” para el presidente del Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (Incosec), Pedro Rangel, quien asegura que “influye notablemente en la violencia de las calles”.

Esto se ve reflejado en las estadísticas: en el primer semestre del año 2009, Incosec registró 1.448 muertes violentas en Caracas, de las cuales 98% se perpetraron con armas de fuego. Esta cifra representa un aumento de 20% en el número de homicidios con respecto a 2008.

Poniendo límites

Esta circunstancia ha llevado a la Asamblea Nacional a replantear las leyes que rigen la compra y el uso de armas en el país. El pasado mes de diciembre, el diputado Juan José Mendoza expresó que “ya es hora de sacar todas esas armas (ilegales) de circulación”.

El nuevo instrumento legal, que fusiona la Ley de Armas y Explosivos y la Ley del Desarme, prevé limitar el porte “a una sola arma por persona, con derecho a comprar sólo 50 municiones al año”, señaló el parlamentario.

Además, la propuesta de 159 artículos eleva la edad mínima para obtener una licencia a 25 años, y establece las penas por porte ilícito de armas entre 10 y 12 años de prisión. La idea es recoger el mayor número de armas para disminuir los niveles de violencia en la población.

“Hay individuos que tienen en sus casas hasta cuatro y cinco pistolas. Esas armas deberán entregarlas al parque nacional de armas”, señaló Mendoza.

El proyecto, aprobado el pasado 3 de diciembre en la Comisión de Seguridad y Defensa, no fue discutido en los últimos días de sesiones de 2009, y apenas fue mencionado por la presidenta del Poder Legislativo, Cilia Flores, en la agenda del primer período legislativo de este año.

Las promesas de regulación no hacen mella en los taxistas, quienes aseguran que continuarán armados hasta ver que se combata realmente la delincuencia.

“Yo cargo mi revólver hasta el día que vea que no lo necesito, y ese día lo veo lejos”, advierte Díaz, ya al volante y con un pasajero esperando salir a su destino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s